Criterios de Clasificación de Las Lenguas

September 13, 2016 | Author: Anonymous | Category: Documents
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CURSO: Lingüística General PROFESORA: Pracedes Carrión. Lima, 2014. CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN DE LAS LENGUAS El len...

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UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS FACULTAD DE LETRAS Y CIENCIAS HUMANAS

CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN DE LAS LENGUAS

Informe elaborado por: DIEGO ALEXANDER ALVARADO PACHECO LUIS BELTRAN AVALOS GUERRA LUIS FERNANDO DIAZ CACERES JOSÉ ALFREDO HUALI ACHO CURSO: Lingüística General PROFESORA: Pracedes Carrión

Lima, 2014

CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN DE LAS LENGUAS El lenguaje acumula la experiencia del mundo de las generaciones pasadas. En el lenguaje se manifiesta el mundo. –Hans-George Gadamer A la lengua no hay hombre que la domestique; es un diablo rebelde, lleno de veneno mortal… De la misma boca salen bendiciones y blasfemias. –Santiago 3:6-11 1. INTRODUCCIÓN La lingüística tipológica y universalista es aquella rama de la ciencia del lenguaje que se ocupa de estudiar las semejanzas y las diferencias entre las lenguas humanas. El objeto de estudio de esta disciplina es la totalidad de las lenguas humanas y no una lengua en particular. Sabemos que las lenguas de la humanidad presentan una variedad grandísima en su forma. Hay dos posturas ante esta enorme variedad: la escéptica nos dice que no hay modo de encontrar generalización alguna que dé cuenta de dicha variedad, las lenguas (o familias de lenguas) difieren de modo imprevisible y arbitrario. Lo único factible es estudiar cada lengua (o cada familia de lenguas) en sus propios términos independientemente de las demás. La otra postura defiende que la variedad de lenguas (o familias lingüísticas) está sujeta a generalizaciones y leyes que hacen que la diversidad de lenguas esté constreñida o delimitada de una manera precisa. No podemos encontrar cualquier tipo de diferencia lógicamente concebida entre dos o más lenguas o familias. Las diferencias están situadas dentro de un marco general que determina hasta qué punto pueden ser distintas dos lenguas naturales. Se postula la existencia de principios comunes a todos los idiomas que nos especifican lo que hay de igual y de distinto en ellos, aquellos aspectos en los que pueden variar y aquellos otros en los que son siempre iguales. La investigación universalista intenta poner de manifiesto este marco común a todas las lenguas humanas; tal marco está constituido por una serie de principios que intrínsecamente unidos con la configuración de la mente humana, donde se halla localizada la facultad del lenguaje. La investigación tipológica intenta mostrar que las formas en las que varían las lenguas o familias lingüísticas siguen unos patrones definibles que se pueden determinar con mayor o menor precisión. Las investigaciones universalista y tipológica han estado separadas durante la mayor parte de la historia de los estudios gramaticales. Los filósofos y lógicos de diversas épocas y, en menor

medida, los gramáticos se han ocupado de las cuestiones relativas a la indagación lingüística universalista. Por otro lado, los gramáticos y lingüistas de diversos periodos, se han ocupado de describir las distintas lenguas y familias lingüísticas y de establecer clasificaciones tipológicas. Solo en el siglo XX se da una confluencia de ambas corrientes. En diferentes propuestas teóricas se muestra que no se puede hacer gramática de una lengua sin plantearse cuestiones de gramática universal y que no se pueden estudiar las variaciones tipológicas entre lenguas o familias lingüísticas sin hacer referencia a conceptos de gramática universal. A lo largo de este informe se darán algunos conceptos lingüísticos universales que han de tomarse en cuenta para establecer las tipologías lingüísticas; es decir, para plantearse los principios que delimitan y constriñen las variaciones permisibles entre las lenguas. Pero, a pesar de esta confluencia, la lingüística tipológico–universalista se enfrenta a dificultades enormes. Una de ellas es que no se dispone de información suficiente acerca de la gran mayoría de las lenguas del mundo. A pesar de que existe abundante información sobre la estructura de las lenguas indoeuropeas, semíticas, urálicas, altaicas, sino-tibetanas y otras familias de lenguas, persiste un vacío de información que compete a la mayor parte de las familias y lenguas del planeta, de las cuales conocemos poco más que el nombre. En el catálogo de lenguas The Ethnologue. Languages of the World de Barbara F. Grimes se menciona que solo en Papúa Nueva Guinea existen más de 800 lenguas, la mayoría de las cuales se conoce poco. En este catálogo se contabilizan 6528 lenguas con la distribución geográfica que se muestra en la siguiente tabla: Distribución de las lenguas del mundo Continente

Número de lenguas

Porcentaje

Oceanía Asia América Europa África

1341 2034 949 209 1995

21% 31% 15% 3% 30%

Como se puede apreciar, solo un 3% de las lenguas que se hablan en el mundo son lenguas de Europa. Sin embargo, la mayor parte de los conocimientos actuales sobre la estructura de las lenguas provienen de idiomas que han nacido, se usan o han sido usados en Europa. Por esto, la mayoría de los tipos y universales lingüísticos que los especialistas proponen tiene un sesgo empírico muy pronunciado, siendo más precisos, la lingüística contemporánea tiene un claro sesgo europeísta. Esto significa que la manera en que se conciben las similitudes y diferencias entre las lenguas se lleva a cabo en la mayoría de los casos desde la perspectiva de lenguas europeas. Por tanto, una de las limitaciones más serias de este tipo de lingüística, que habrá de superarse con el

tiempo, es su predominante sesgo europeísta. Para contrarrestar los efectos de esta tendencia, se están diseñando métodos que determinan el número de lenguas de familias diferentes que han de figurar en una muestra parcial de lenguas (ya que como hemos visto es inviable exigir una muestra total de las lenguas del mundo) que sirva de base empírica a una investigación tipológica y universalista. Estos métodos se conocen como muestreo lingüístico. Ahora, es seguro, que si una investigación tipológica desea deshacerse del sesgo europeísta, en un corpus de, por ejemplo, cien idiomas, solo podría haber tres lenguas europeas, siendo las otras noventa y siete de las demás partes del mundo. En un corpus de trecientas lenguas tan solo nueve habrían de ser europeas. Esto rara vez se cumple, por las razones prácticas que se han señalado, en las investigaciones actuales y ello las inclina inevitablemente a las corrientes europeas. A las dificultades empíricas se le añaden limitaciones prácticas adicionales de otro orden. Si la lingüística tipológica y universalista tiene por objeto la explicación de lo diverso y común en todas las lenguas del orbe, es evidente que no existe persona en el mundo capaz de manejarlas todas ellas, ni siquiera con ese tres por ciento de lenguas europeas, de las que, según las averiguaciones del Ethnologue, hay más de doscientas. Sin embargo, no hay motiva para desistir en la investigación: el método de trabajo del lingüista con esta orientación no consiste en aprender todas las lenguas conocidas y, a partir de ahí, comenzar la tarea de descubrimiento de semejanzas y diferencias. Toda ciencia es una tarea colectiva en la que unos investigadores se apoyan en los conocimientos a que llegan otros estudiosos y parten de ellos. También existen investigadores que buscan encontrar conexiones entre diversos campos científicos, aunque no puedan considerarse expertos en todos y cada uno de esos campos. El tipólogo y universalista del lenguaje ha de apoyarse en lo que se sabe sobre las lenguas del mundo; ha de partir necesariamente de lo que los especialistas en cada una de las lenguas o familias lingüísticas del mundo dicen, no necesariamente para asumirlo ciegamente. Por supuesto, el tipólogo puede ser a su vez especialista en alguna lengua o familia; pero lo que es imposible es que sea especialista en todas las lenguas y familias del mundo. Ahora bien, debe disponer de un conjunto de instrumento de análisis conceptuales que le permitan emprender la tarea con garantías. Debe tener, por tanto, una buena formación en lingüística general. Además ha de disponer de la suficiente experiencia empírica y teórica como para conceder el grado de habilidad que merecen las diversas fuentes consultadas sobre las lenguas del mundo. En conclusión, para hacer lingüística tipológica y universalista no es imprescindible conocer de modo especializado todas las lenguas objeto de estudio, pero si disponer de los suficientes saberes como para manejar con aprovechamiento todo aquello que los especialistas aportan sobre las lenguas o familias de su competencia. Una buena formación de lingüística general y un conocimiento adecuado del mayor número de lenguas y/o familias lingüísticas posible, ayudarán en esta tarea.

Que haya condiciones adversas de tipo empírico y teórico para emprender o continuar una tarea, no es motivo para abandonarla, si se considera intelectualmente interesante, sino para insistir con mayor esfuerzo y dedicación en ella y en la superación de los problemas que impiden llevarla a buen término. Por ello, la descripción de una pequeña lengua hablada por unos pocos cientos de personas en uno de los rincones más recónditos e inaccesibles del planeta, lejos de ser un empeño insignificante, constituye para el tipólogo y universalista una contribución de primer orden digna de los mayores elogios por lo que puede contribuir a ampliar los torcidos y reducidos horizontes que se ve obligado a observar, de modo involuntario la mayoría de las veces, el tipólogo y universalista. Por igual razón, la muerte de una lengua de estas características, de la que ya no se podrá recabar testimonio alguno, debe ser vista por el investigador como un fuerte revés a la labor que intenta desarrollar. Toda lengua es una manifestación concreta de la capacidad humana que denominada lenguaje; pero no hay ninguna lengua que sea La manifestación del lenguaje humano. Es decir, no existe ninguna lengua que se pueda considerar realización por antonomasia del lenguaje humano. Todas las lenguas del mundo presente, pasado y futuro son manifestaciones de igual rango, aunque difieran grandemente entre sí. Ahora, esta diferencia no es de modo imprevisible y arbitrario, sino de modo previsible y motivado. Existe una serie de reglas generales o de principios comunes que restringen un modo muy fuerte las diferencias posibles entre las lenguas. Al estudiar una lengua desconocida, en buena medida se sabe lo que se va a encontrar basándonos en los conocimientos que poseemos de nuestra propia lengua. Es claro que no se puede saber cómo va a ser exactamente esa lengua estudiada en base a nuestros conocimientos previos. Pero, si es posible vislumbrar con qué tipo de entidad nos las vamos a ver. Por ejemplo, sabemos de antemano que se tendrá que aprender un léxico y unas reglas que nos especifiquen cómo combinar elementos de ese léxico para obtener oraciones. Si las lenguas variarían de modo arbitrario y sin ningún patrón regular tanto a lo largo del tiempo como del espacio, entonces la ciencia lingüística sería imposible. Hay sospechas más que fundadas que permiten deducir lo contrario y que, por tanto, justifican la existencia de una actividad que consista en desentrañar lo que hay de común y lo que hay de diferente en esa variación de lenguas. Está justificado hablar de regularidades en la variación temporal y espacial de los idiomas. Ahora bien, esto no significa que el estudio de estos se agote una vez establecidas estas regularidades. Ello es así porque cada lengua realiza de una manera idiosincrásica esas leyes. Ninguna regularidad, principio o ley conforma totalmente un idioma. Como toda entidad que se desarrolla históricamente, interactúan en una misma lengua diferentes factores, uno de los cuales es el que se acaba de

apreciar. Una lengua nunca desecha por completo etapas anteriores de su variación histórica; se ve afectada por influencias de otras lenguas con las que entra en interacción, por factores culturales, sociales, económicos, demográficos o políticos que hacen de cada lengua una entidad singular, irrepetible e irregular. Esto hace que no haya idiomas puros, que reflejen de modo neto, uniforme e inexorable las leyes lingüísticas, ya sean estas diacrónicas (o históricas) o sincrónicas (o contemporáneas), tipológicas o gramaticales, fonológicas, sintácticas o semánticas. Pero lo anterior no significa que sea inadecuado proponer y estudiar estas regularidades lingüísticas (de las que los universales son los exponentes más generales), porque lo cierto es que, a pesar de todas esas idiosincrasias que individualizan los idiomas, por doquier vemos la influencia de esos principios generales que, lejos de ser neutralizados y aniquilados por esa multitud de factores convergentes, aparecen una y otra vez de modo insistente y siguen haciendo factible la labor de generalización de los lingüistas. Toda lengua es un mecanismo que sirve para asociar secuencias fónicas con significados. Para que sea posible alcanzar el rendimiento comunicativo que se observa en las lenguas naturales sobre la base del soporte físico y psíquico en el que se asienta ese mecanismo, existe una serie de propiedades que necesariamente debe tener ese mecanismo, dado que dicha base (aparato articulatorio y psiquis) es común a todos los seres humanos. La estructura de los órganos articulatorios y la estructura de la mente tienen una base común a todos los seres humanos. Aquí resulta conveniente mencionar dos tipos de universales que ayuden a explicar estos puntos: Los universales formales son aquellas propiedades de las lenguas humanas que necesariamente debe tener un sistema de comunicación con el rendimiento observado y la base material común que lo caracteriza. Estas propiedades debe poseerlas cualquier lengua humana presente, pasada y futura. Los universales formales pueden llegar a formularse incluso si solo se estudia una única lengua y es posible determinar qué propiedades de esa lengua se derivan de la base material común a todos los seres humanos. Los universales sustantivos son determinadas propiedades que no necesariamente son definitorias del lenguaje humano, pero que se dan en todas las lenguas que se conocen. Estamos ahora, no en el plano de lo esencial, sino de lo accidental, de los datos que provienen del estudio empírico de las diferentes lenguas del mundo. Desde este punto de vista empírico, el carácter universal de una generalización supondría la comprobación de que dicha generalización se verifica, en efecto, en todas y cada una de las lenguas presentes, pasadas y futuras. Es evidente que, si no conocemos bien todas las lenguas que se hablan en el mundo hoy en día, si desconocemos la mayoría de las lenguas

pasadas y la totalidad de las futuras, es imposible justificar o comprobar totalmente un universal de este tipo. El método universalista debe ser de ensayo y error. Se propone un determinado universal con la idea de que tal universal es provisional, y, por tanto, de que debe estar sometido constantemente a comprobaciones empíricas. El estudio de los universales lingüísticos tiene repercusiones indudables en muchas ramas de la lingüística y de las ciencias relacionadas. Primero se debe mencionar la relación que tienen los universales con el origen ontogenético y filogenético de las lenguas. Desde el punto de vista de la adquisición del lenguaje por parte del niño, tenemos un dato incontestable que justifica a todas luces la necesidad de postular universales lingüísticos. Este hecho se basa en la noción de accesibilidad de todas las lenguas humanas por parte de cualquier ser humano en su etapa de adquisición de su lengua materna. Es decir, todo ser humano nace capacitado para adquirir cualquier lengua natural. Si trasladamos a un recién nacido en Madrid a Pekín con una familia china y un recién nacido en Pekín, a Madrid con una familia española, ambos niños adquirirán sin la menor dificultad las lenguas china y española, aunque sus rasgos físicos difieran marcadamente de los de las personas de su entorno. Aquí, es necesario hacer una advertencia: este razonamiento solo tiene validez para los aspectos naturales y no artificiales de las lenguas; es decir, para todos aquellos aspectos que se aprendan de modo natural, sin necesidad de una instrucción específica. Por ejemplo, la escritura no es algo que se aprende de modo natural, sino por medio de acciones educativas específicas y escapa al razonamiento que se acaba de mencionar. Es claro que la escritura china es más compleja que la española y que el niño probablemente tarde más en aprender una que otra en términos comparativos. Lo mismo puede decirse de otros aspectos lingüísticos que exigen instrucción específica para su aprendizaje. Este experimento se puede repetir para cualquier par de lenguas; ellos significa que todas las lenguas tienen idéntica propiedad: la accesibilidad o el carácter de ser adquiribles. Es factible, entonces, plantear el siguiente universal: Universal 1 Todas las lenguas del mundo son accesibles para su adquisición natural. Por adquisición natural debe entenderse el proceso mediante el cual un niño adquiere en su desarrollo la lengua que se hable en su entorno. Esta posibilidad solo se puede explicar si suponemos que todas las lenguas comparten una serie de rasgos o propiedades que sintonizan de modo perfecto con la forma en la que los seres humanos aprendemos naturalmente una lengua. Ese

conjunto de rasgos o propiedades debe ser universal, todas las lenguas tienen que presentarlo. Esto solo se podría poner en duda si se llegara a comprobar que hay lenguas que se adquieren naturalmente con más dificultad que otras. Otro ámbito en el que los universales desempeñan un papel importante es el de los orígenes de las lenguas. La investigación de cómo surgió la capacidad lingüística y cómo se formaron las primeras o primera lengua o protolengua, adquiere unos tintes específicos desde el punto de vista del universalismo. Esos rasgos universales pueden constituir una inestimable ayuda para la investigación sobre los orígenes del lenguaje y las lenguas. Aquí, los universales sustantivos desempeñan un papel decisivo. El conjunto de tales universales puede servir para ofrecernos un retrato aproximado a esa primera o primeras protolenguas. Esto también puede ser interpretado como la cuestión entre el monogenetismo y poligenetismo de las lenguas. Es decir, sobre la cuestión de si todas las lenguas provienen de una única lengua originaria o el origen está en un conjunto de lenguas primitivas no relacionadas genéticamente entre sí. Aquí los universales sustantivos son determinantes: si realmente todas las lenguas humanas comparten una serie de características que no se derivan directamente de la configuración física, fisiológica y mental de los seres humanos, entonces la hipótesis del monogenetismo se vería en gran medida reforzada. Aun así, la existencia misma de universales del tipo que sean, no hace descartable el monogenetismo. Otro de los datos que pone de manifiesto la clara existencia de una base común a todas las lenguas del mundo es la propiedad de traductibilidad, la cual consiste en la posibilidad de traducción entre cualquier lengua. De esto surge el siguiente universal: Universal 2 Es posible la traducción entre cualesquiera lenguas naturales humanas. Hay diversas matizaciones que hacer a este universal. Lo que se dice es que es posible la traducción entre las lenguas o, dicho de otro modo, todavía no se ha encontrado lengua humana natural alguna que sea intraducible. En las descripciones de las lenguas más exóticas o alejadas geográfica y culturalmente nos encontramos glosarios con traducción de algunos de sus vocablos a alguna lengua europea, así como textos traducidos a ella. Hay obras políticas o literarias como el Manifiesto comunista o Don Quijote de la Mancha que han sido traducidas a centenares de lenguas, sin que hasta ahora se haya encontrado lengua alguna en la que esa traducción sea imposible. Pero, se debe aclarar que el tipo de traducción referida aquí no coincide con lo que algunos conciben como

traducción en sentido estricto, ya que existen, ciertamente, palabras de ciertas lenguas que no tienen un equivalente exacto en otras. Otra cuestión es si es si es posible la traducción exacta entre todas las lenguas. Depende lo que entendamos por exactitud; es evidente que cuantos más componentes introduzcamos en la definición de esa exactitud, más difícil será esa posibilidad. Las diferencias culturales, ideológicas, históricas, artísticas o políticas pueden utilizarse en la concepción de la exactitud y ello hará que el concepto de traducción se haga cada vez más difícil. Es posible que no sea factible tal traducción exacta; es incluso posible que dos personas que hablen la misma lengua tampoco tengan concepciones o ideas exactamente iguales, pero esto no impide que exista una base común que haga posible la comunicación intra e interlingüística entre individuos. Esa base común es innegable y hace posible la traductibilidad de las lenguas. La existencia de universales hace que las lenguas estén situadas en un plano de igualdad a pesar de las enormes diferencias culturales que muchas veces van asociadas a ellas. La base universal de las lenguas hace que, a los efectos de manifestación concreta, individual, especifica e irrepetible de la capacidad lingüística humana, cada lengua humana tenga exactamente el mismo valor y merezca la misma consideración científica, social o cultural que las demás, independientemente de si tiene detrás una tradición cultural escrita o solamente oral, un estado que la proteja y potencie, una superioridad demográfica, política, militar o social. La existencia de universales lingüísticos pone de manifiesto la dignidad de todas las lenguas humanas se hablen donde se hablen o tengan el número de hablantes que tengan. No hay que olvidar que todas las lenguas, sean del tipo que sean, son realizaciones concretas de una capacidad asociada a la especie humana.

2. BREVE REPASO AL DESARROLLO DE LA DISCIPLINA La historia de la clasificación de las lenguas es, como cualquier historia, azarosa y compleja. Pero esta se encuentra singularmente conformada, en su mayor parte, por un sinfín de mitos, prejuicios e ideas que, por momentos, rayan con lo trágico. Desde el Dios que castiga la soberbia humana hasta la división de la lengua en correspondencia con los «diferentes linajes humanos», el trayecto que tiene que seguir la comprensión de la multiplicidad de las lenguas es inevitablemente desigual. De este modo, el explicar su origen y diversidad es sumamente difícil. Factores religiosos, históricos y sociales han condicionado aquel anhelo. Una primera característica de todos estos empeños consiste en que se une el problema de la clasificación de las lenguas con el problema del origen de las lenguas. Se parte, por ejemplo, de que

todas las lenguas proceden de la lengua de Adán, que según muchos autores es el idioma que ha dado origen al hebreo, que es, de esta manera, la lengua madre de todos los idiomas. Este tipo de suposiciones no empezó a desvanecerse hasta que se dio inicio a un recuento exhaustivo de los idiomas que se hablan en el mundo y esto tuvo lugar, al menos de forma preliminar, en ensayos que se realizaron especialmente durante el siglo XVIII. Pero esta labor tiene su origen en siglos anteriores; por ello, entre algunos de estos esfuerzos por recopilar y valorar las lenguas habladas hay que mencionar a autores como Dante Alighieri con su De vulgari Eloquentia, que supone un paso decisivo hacia la adecuada consideración de las lenguas utilizadas por la gente de la época y en la que este autor habla de «tipos de lenguas» y establece criterios para descubrirlos tales como las formas de las palabras, y la estructura de la oración. Esta obra es un primer hito en la toma de conciencia de la diversidad lingüística como algo no necesariamente negativo ni derivado de una maldición bíblica. Posteriormente, el francés José Justo Escalígero (1540-1609) en su Diatriba de Europaerum linguis (1599, publicado en 1610 como parte de sus Opuscula Varia) habla de lenguas-madre y lenguashijas y reconoce familias lingüísticas como la romance, la germánica o la eslava, a las que denominó por el nombre para Dios que se podía reconstruir para cada una de ellas. De este modo las lenguas eslavas las denominó lenguas Boge; a las lenguas germánicas, lenguas Godt; y a las romances, lenguas Deus. Vemos un tratamiento empírico y, en gran medida, libre de los prejuicios de aquella epoca y de épocas anteriores. Décadas más tarde, Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) establece una descripción de las lenguas que se basa en la observación científica y carece de prejuicios religiosos o míticos. Este autor reconoció que las lenguas evolucionan históricamente de acuerdo con unos patrones bien definidos. En sus Neue Abhandlungen über den menschlichen Verstanden [Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano] reconoce la existencia de una familia eurásica en la que incluye las lenguas celtas y germánicas y se percata de la relación entre, por ejemplo, el finés y el húngaro; establece igualmente familias lingüísticas como la escita (lenguas túrcicas y tártaro). Importante es también su trabajo donde nos habla de lenguas jaféticas y arameas: la primera sería el ancestro de las lenguas europeas y la segunda, el de las lenguas afroasiáticas. En esta misma obra examina asimismo las lenguas fino-ugrias. Sin duda, con Leibniz estamos ante una de las primeras propuestas documentadas sobre la clasificación científica de las lenguas del orbe. Sin embargo, aún se hallaba lejos de tenerse una idea siquiera aproximada y parcial de la riqueza y variedad de las lenguas del mundo.

Con todo, no es hasta finales del siglo XVIII que encontramos un trabajo representativo e icónico entorno a la clasificación de las lenguas. Lorenzo Hervás de Panduro, jesuita español, (1735-1809) fue quien llevo a cabo una recopilación, entonces exhaustiva, de las lenguas habladas en el planeta, incluyendo, y ello es lo que la hace significativa, una caracterización detallada de muchas de estas. Lorenzo contaba con treinta y dos años cuando en 1767 el Rey Carlos III expulsó a los jesuitas de los dominios de la Monarquía española y los envió a los Estados Pontificios. Es allí donde trabajó como bibliotecario en Cesena y empezó a publicar en italiano a partir de 1778 una enciclopedia, en veintiún tomos, titulada Idea dell’Universo, che contien la Storia della vita dell’uomo, elementi cosmografici, viaggio estaico al mondo planetario, e Storia della terra, e delle lingue. En 1784 fue llamado a Roma por el Papa Pío VII quien lo nombra bibliotecario suyo (1784-1798). Precisamente de su etapa de Roma son los tomos de la enciclopedia dedicados a los temas lingüísticos. La obra de Hervás es el primer tratado sistemático y empíricamente realizado sobre las lenguas del mundo, su clasificación, su origen y su tipología. Hervás preludia el advenimiento de la lingüística histórico-comparativa a reconocer diversas familias lingüísticas. Por ejemplo, reconoció el origen indio-ario de los gitanos y de sus lenguas, descubrió similitudes entre el persa y el germánico. Reconoció la familia céltica de lenguas. Clasificó un sinnúmero de lenguas de América del Norte, Central y del Sur. Por ejemplo, reconoció la familia maya y la familia tupí-guaraní. Así, es el primer estudio en la historia que ofrece una visión de conjunto de las lenguas de América y también de otros continentes. Evidentemente, a pesar de todas estas cualidades, Hervás mantenía muchas ideas equivocadas sobre la filiación genética de varias familias lingüísticas así como una ferviente creencia en el origen de la diversidad de las lenguas causada por la confusión de Babel. Hay que agregar que además, desde el punto de vista de las aportaciones teóricas, Hervás fue el primero en formular una teoría del sustrato así como en aplicar la comparación léxica sobre la base de una lista de elementos del vocabulario que se pueden considerar básicos y pocos susceptibles de préstamo para, de este modo, poder tener una base de comparación lingüística lo suficientemente coherente. Esto lo lleva a cabo en su vocabulario Poligloto en donde compara los vocabularios básicos de más de un centenar de lenguas utilizando 63 palabras básicas. En el último tomo de la enciclopedia, titulado Saggio practico delle lingue compara el padrenuestro en cincuenta y cinco lenguas haciendo una traducción literal de todos ellos para así poder apreciar la estructura sintáctica y morfológica de los diversos idiomas. En esto sigue una tradición, que consistía en publicar esta oración en diversas lenguas. Así, Guillermo Postel (1510-1581) en 1538, en París, publica el padrenuestro en doce lenguas. Mientras que también Juan Chamberlain publicó

en 1723 el padrenuestro en ciento cincuenta lenguas. Ahora bien, esta no estaba provista de traducciones literales y, por lo tanto, era y es de poca utilidad. Hervás, sin embargo, realiza en su libro un análisis detallado de cada una de las palabras de los diversos padrenuestros logrando proporcionar un vasto elenco de análisis gramaticales con una riqueza absolutamente desconocida hasta entonces de observaciones morfosintácticas penetrantes. Con Hervás tenemos, pues, el primer catálogo serio de las lenguas del mundo así como la primera descripción empírica y gramatical de multitud de idiomas. A pesar de sus prejuicios religiosos, comunes en su época, sobre el origen babélico de las lenguas, la obra de Hervás constituye el primer hito que separa el estudio de los universales y tipología lingüísticos de las ideas mitológicas y fantasiosas que había predominado avasalladoramente en los siglos anteriores. También a finales del siglo XVIII encontramos otros intentos de clasificación de las lenguas del mundo, aunque, sin duda, mucho menos logrados que el de Hervás. Un ejemplo es el Mithridates oder Allgemeine Sprachenkunder mit dem Vater Unser als Sprachprobe in beinahe funfhundert Sprachen und Mundarten (Mitridates o Ciencia General de las Lenguas con el padrenuestro como ejemplificación en casi quinientas lenguas y dialectos) de Johan Christoph Adelung (1732-1806), que solo vivió para ver publicado el primer tomo, y fue J.S Vater quien a partir de 1806 y hasta 1817 terminó los tres tomos restantes. En muchas historias de la lingüística se cita a Adelung como precursor del conocimiento y clasificación de las lenguas del mundo, relegando injustamente a Hervás a un segundo plano, unas veces, y silenciando su obra totalmente, otras. Es entrando en el siglo XIX que se inicia el estudio científico de las lenguas y se crea una nueva disciplina: la lingüística. Este siglo se halla marcado por el importante desarrollo científico que se consiguió en los años finales del anterior. Así, por ejemplo, la clasificación de lenguas realizadas a partir de este período tendrá una gran influencia de la jerarquización establecida ya por Linneo, aunque se plantee en un ámbito científico diferente. En este siglo la lingüística alcanza status de ciencia autónoma con sus métodos y leyes científicas particulares. Se dice que el XIX es el siglo del comparativismo lingüístico y, en efecto, es así, aunque el significado de este es un comparativismo que excede el punto de vista histórico-genético con el que normalmente se identifica. De entre los muchos aspectos que se proponen, el que se relaciona con la tipología lingüística resulta ser el más importante. En el siglo XIX podemos distinguir dos corrientes o tendencias que nunca estuvieron totalmente separadas, por más que predominase una sobre la otra en diversos períodos. Primero, tenemos la

corriente histórico-comparativa, la más conocida y la que más influencia ejerció. Esta corriente surgió de la observación de afinidades regulares entre las muy diversas lenguas de Europa, y entre estas y lenguas no europeas, como el sánscrito. Se trata de afinidades controladas por reglas o leyes susceptibles de ser descritas científicamente. Los representantes de esta corriente son, entre otros, F. Bopp (1791-1867), R. Rask (1787- 1832), J. Grimm (1785-1863), A. Schleicher (1821- 1866) y los neogramáticos, con su representante tardío H. Paul (1846-1921). La obra que supone un compendio de los resultados lingüísticos que se obtuvieron, es la de H. Paul Prinzipien der Sprachgeschichte [Principios de historia de la lengua] (1880). Los conceptos clave de esta escuela son dos: raíz y ley fonética. El intento de remontar las lenguas indoeuropeas a un estadio primitivo común (que se enuncia de modo explícito en la obra de A. Schleicher) va unido al desarrollo del concepto de raíz como ese núcleo supralingüístico e inalterado que aparece de modo más o menos disfrazado en las lenguas emparentadas entre sí. Este concepto recibió atención especial por parte de Schleicher: las raíces guardan el secreto de esa lengua ancestral de la que conforman el núcleo. Ese mismo concepto aparece también en la corriente tipológica. Pero solo mediante el desarrollo del concepto de ley fonética se llega a la enunciación precisa de las relaciones genéticas entre las lenguas y el método retrospectivo capaz de posibilitar que nos remontemos a esa lengua ancestral, el indoeuropeo en el caso que ocupa. Aunque la idea de ley fonética está presente de modo más o menos implícito en Bopp o en Grimm, llegó a su máximo desarrollo con los neogramáticos en el último decenio del siglo XIX. La segunda de las corrientes a que hacíamos referencia es la que podemos denominar teóricotipológica o humboldtiana y arranca básicamente de W. von Humboldt (1767-1835). Entre sus representantes más destacados podemos mencionar a A. F. Pott (1802- 1887), también importante precursor de la primera de las corrientes como fundador de los estudios etimológicos indoeuropeos, H. Steinthal (1823- 1899), F. N. Finck (1867-1910), F. Misteli (1841- 1903) y G. von der Gabelentz (1840-1893). En esta corriente hay dos preocupaciones íntimamente ligadas: la investigación de los fundamentos universales del lenguaje humano que da lugar a las propuestas de conceptos como el de forma lingüística, y la constatación y estudio de las diferencias particulares entre las lenguas de todo el mundo, no solo de las indoeuropeas, lo que origina el concepto de tipo lingüístico. Ideas como esta cristalizarán en el siglo XX en autores como N. Chomsky bajo conceptos tales como estructura profunda.

A partir de Humboldt, se clasifican las lenguas siguiendo un criterio morfológico en aislantes, aglutinantes, flexivas e incorporantes. Esta tipología morfológica de las lenguas, pervivió a lo largo de todo el siglo XIX y es uno de los rasgos característicos de la tipología lingüística decimonónica. Las lenguas aislantes se caracterizan por una ausencia total de morfología nominal y verbal: las relaciones sintácticas se expresan por el orden de palabras, fundamentalmente. El ejemplo que se ponía en aquella época era el chino, lengua a la que Humboldt prestó especial atención. Las lenguas aglutinantes se caracterizan por presentar una rica morfología nominal y verbal en la que cada palabra puede segmentarse fácilmente al ser todos los morfemas aislables e identificables. Un ejemplo es la lengua turca. Los idiomas flexivos tienen también una rica morfología, pero en ellos los morfemas se funden con la raíz o tema y entre sí, de modo que no resulta factible separarlos e identificarlos. El latín es un ejemplo paradigmático de este tipo. Por último, las lenguas incorporantes se caracterizan porque en ellas varias raíces se funden en una sola palabra con lo que se obtienen palabras que incluyen el significado de toda una oración. Muchas lenguas amerindias pertenecen a este tipo. Si el siglo XIX inicia el estudio científico de las lenguas indoeuropeas, no es menos cierto que se investiguen de modo concienzudo los idiomas no europeos, como los de América, Asia u Oceanía. Estos estudios obligan a los lingüistas a replantearse el problema de la base común de las lenguas y sus diferencias desde una perspectiva empírica y no mitológica o ideológica, lo que supone un avance sin precedentes en su estudio. El mismo Humboldt se interesó por el estudio de idiomas no indoeuropeos como el vasco, las lenguas de México. Su obra capital Über die Verschiedenheit des menschlichen

Sprachbaues

und

ihre

Einfluss

auf

die

Geistige

Entwicklung

des

Menschengeschlechts [Sobre la diversidad de la estructura del lenguaje humano y su influencia sobre el desarrollo espiritual de la humanidad] (1830-1835) no es otra cosa que una introducción al estudio de la lengua Kaví de la isla de Java. En su trabajo sobre el dual (1827) estudia las lenguas semitas, filipinas, quechuas, esquimales y araucanas, entre otras. Así también, Hans Conon von der Gabelentz (1807-1874) fue una autoridad en lenguas melanesias y polinesias y, en 1860, publicó Über das Passivum. Eine Sprachvergleichende Abhandlung [Sobre la pasiva. Investigación lingüística comparativa] en el que se analiza la construcción pasiva en más de doscientas lenguas de todas las partes de la tierra. Por su parte, Otto Böthling (1815-1904), que publicó la gramática de Panini en Europa y colaboró con R. Roth en un magno diccionario sánscrito en siete volúmenes, publicó en 1851 Über die Sprache der Jacuten [Sobre la lengua de los yacutos], considerado como modelo de exposición descriptiva y en cuyo prólogo se insiste en la dirección tipológica que han de tener en cuenta este tipo de estudios. En 1850 publica H. Steinthal Die Classification der Sprachen,

dargestellt als die Entwicklung der Sprachidee [La clasificación de las lenguas presentada como el desarrollo de la idea lingüística] y G. von der Gablentz en su libro citado estudia o cita multitud de lenguas de todas las familias del mundo. Por su parte Misteli, en el libro Characteristik der hauptsächlichsten Typen des Sprachbaues [Características de los principales tipos de estructura lingüística] (Berlín, 1893) estudia detenidamente el húngaro, finés, yacuto, nahua, groenlandés, chino, birmano, malayo, copto, bantú, árabe, hebreo, canarés y otras lenguas de diversos continentes. Durante la primera mitad del siglo XX se desarrollan los puntos de vista ya propuestos en el siglo anterior. Podemos mencionar entre los autores relevantes en el estudio de la tipología lingüística a F. N. Finck (1867-1910). En el año 1909 publica Die Haupttypen des Sprachbaus [Los principales tipos de estructura lingüística], donde estudia el chino, el subiya (lengua bantú), el groenlandés, el turco, el samoano, el árabe, el griego, el georgiano, y llega a una clasificación muy similar a la de Steinthal y Misteli. Distingue lenguas aislantes, flexivas y combinantes. Las primeras conocen un subtipo radical (chino) y otro temático (samoano). Las flexivas presentan tres tipos fundamentales: el radical (árabe), el temático (griego) y el grupal (georgiano). Las lenguas combinantes (antes llamadas aglutinantes), se dividen en tres grupos: las alienantes (subiya), las subordinantes (turco) y las incorporantes (groenlandés). Con la propuesta de Finck se llega a la decadencia de esta forma de tipología lingüística morfológica decimonónica, que adquiere un nuevo impulso con la obra del lingüista checho V. Skalicka. Este autor distingue cinco tipos de lenguas: aglutinantes, flexivas, aislantes, polisintéticas e introflexivas. A pesar de que los términos son, en parte, los tradicionales, la caracterización de los tipos difiere sustancialmente de la que hacían los lingüistas decimonónicos. En primer lugar, la clasificación de este autor se basa en todos los niveles de la gramática y no solo en el morfológico: el fonológico y el sintáctico son igualmente tenidos en cuenta. En segundo lugar, se redefinen radicalmente algunos de los tipos tradicionales. Así, se considera que el inglés y francés son lenguas aislantes y que el chino, considerada lengua aislante en el siglo XIX, pasa a ser lengua polisintética, en la cual la composición tiene el papel fundamental (frente a la derivación o a la flexión). Por último, el autor propone el tipo introflexivo que caracteriza las lenguas semíticas. Un intento renovador dentro de la primera mitad del siglo XX fue llevado a cabo por el genial lingüista E. Sapir (1884-1939), quien en su libro Language (1921) propuso una tipología basada en parámetros totalmente nuevos. Un primer parámetro es claramente nocional y hace referencia a los tipos de conceptos gramaticales existentes: que van de los más léxicos (elementos léxicos) a los más relacionales (orden de palabras) pasando por los que ocupan un lugar intermedio entre los dos polos

(por ejemplo, las preposiciones). El polo léxico y el relacional son para Sapir universales, pudiendo estar los intermedios ausentes en algunas lenguas. Sapir distingue tres técnicas fundamentales: la aislante (en donde la palabra se identifica con la raíz), la afijal (en donde hay diferencia entre raíz y la palabra que se forma a partir de la raíz mediante la adición de afijos) y la simbólica (en donde la palabra se obtiene de la raíz realizando sobre ella modificaciones de su estructura fónica). Sapir utiliza un tercer parámetro: se trata del que determina en qué medida se produce una realización de diversos conceptos gramaticales en la misma unidad lingüística. Así, las lenguas analíticas tienden a realizar una proyección uno a uno de las categorías conceptuales con las categorías morfológicas, las lenguas sintéticas pueden combinar en una misma unidad diversos conceptos (por ejemplo casas es una unidad que expresa dos conceptos, el léxico “casa” y el gramatical “`plural”). Por fin, las lenguas polisintéticas reúnen en una misma palabra multitud de conceptos léxicos y gramaticales. Por ejemplo, para Sapir el chino es una lengua aislante y analítica y el árabe es simbólico-fusional y sintético. Sapir logró enunciar un parámetro semántico, otro morfológico y otro que supone la relación entre ambos, que es el de la síntesis. Con ellos se proponía una tipología mucho más elaborada y precisa que cualquiera de las que la precedieron en el siglo anterior. Ya Sapir insistió en que estos tipos no son absolutos sino que se dan en mayor o menor grado en diversas lenguas y fue precisamente J. Greenberg quien en 1954 propuso una tipología cuantificativa de las lenguas basada en una serie de índices. Un hito importante en el desarrollo de la lingüística universalista moderna está constituido por el trabajo de R. Jakobson (1896-1982) sobre los universales fonológicos, obra culminante de la teoría jakobsoniana de los rasgos distintivos que constituye la base de la fonología moderna. A partir de datos sobre la adquisición por parte de los niños de su lengua materna y del estudio de los diversos tipos de trastorno del lenguaje con consecuencias en la capacidad articulatoria de los fonemas, Jakobson establece una serie de universales implicativos que rigen la estructura de los sistemas fonológicos posibles. Otro hito decisivo dentro de la lingüística tipológica se produjo también dentro del ámbito de la fonología de la mano de N. S. Trubetzkoy (1890-1938) del que aparecen en 1939 unos fundamentales Grundzüge der Phonologie [Fundamentos de fonología], en donde se establece una amplia tipología de los sistemas fonológicos de las lenguas del mundo, así como los criterios que deben emplearse para construir esta tipología, lo que pone de manifiesto las leyes generales que gobiernan los sistemas fonológicos de las lenguas del mundo. Las oposiciones fonológicas se clasifican en una serie de tipos: aisladas y proporcionales (según el rasgo distintivo aparece en una

o en más de una oposición); bilaterales y multilaterales (según las base común de comparación se dé en una sola oposición o en más de una); privativas graduales y equipolentes (según la distinción se base en la presencia de un rasgo frente a su ausencia; o se base en la presencia de diversos grados de una distinción; o en la presencia de dos rasgos distintos). A este autor debemos el concepto de correlación como un conjunto de oposiciones proporcionales, bilaterales y privativas. La correlación es uno de los modos de estructuración principales de las lenguas del mundo. Siguiendo el camino abierto por Jakobson, J. Greenberg publica en 1966 un trabajo en el que propone, en todos los niveles de la gramática, preferencias universales de los elementos no marcados sobre los marcados, estando apoyado en datos empíricos de diversas lenguas. Antes, en 1963 ya había expuesto una tipología del orden de palabras en la que se observan regularidades interlingüísticas sintácticas y morfológicas asociadas al orden de las partes de la oración que presentan las lenguas del mundo. Se inaugura así una tipología predictiva que da una riqueza sin precedentes a la lingüística tipológica y universalista contemporánea. La segunda mitad del presente siglo inaugura además una nueva corriente de lingüística universalista de carácter psicologizante, iniciada por las propuestas de N. Chomsky (1928). En su importante libro Aspects of the Theory of Syntax [Aspectos de la teoría de la sintaxis], este autor introduce una sección crucial en el primer capítulo titulado formal and substantive universals [universales formales y sustantivos]. Algunas ideas cruciales se plantean en este escrito; así, por ejemplo, la conexión ineludible e inextricable en la investigación de las gramáticas particulares con la investigación de los universales lingüísticos. Es curioso que Chomsky mencione del mismo modo la adquisición de la lengua por parte del niño como un elemento decisivo para adoptar esta postura universalista. Esto lo había hecho Jakobson, como hemos visto, pero el punto de vista es diferente ahora. Jakobson estudió el orden en el que el niño adquiere los fonemas a partir de los sonidos que imita, para deducir qué fonemas son menos marcados. Chomsky parte de otra observación diferente: cualquier niño normal está capacitado para construir la gramática de la lengua que se hable en su entorno, sea ésta la lengua que sea. No hay lenguas fáciles ni difíciles para los niños. El caso es que sea cual sea la estructura fonológica de una lengua, el niño normal siempre es capaz de adquirirla. Esto se debe, según Chomsky, a que todas las lenguas comparten unos principios estructuradores idénticos que están en la mente del niño y que le permiten adquirir el sistema fonológico de cada lengua a partir de los datos empíricos a los que accede. Si el niño no dispusiera de estos principios sería milagroso que entre las casi infinitas maneras en las que se puede estructurar combinatoriamente un sistema fonológico, eligiera siempre la única correcta (como lo

demuestra al adquirir la competencia fonológica adecuada). Ahora bien, los principios fonológicos universales reducen esas posibles combinaciones a unas pocas o posiblemente a una sola, lo que hace explicable la adquisición. Aquí radica una distinción fundamental que hace Chomsky en este mismo lugar entre universales sustantivos y formales. Los universales de Jakobson y Greenberg son predominantemente sustantivos, pues intentan desentrañar cuáles son las preferencias generales que se establecen entre los diversos elementos gramaticales de las lenguas; los universales de la gramática generativa son principalmente formales, ya que se intentan poner de manifiesto la serie de principios formales o abstractos que configuran los modos en los que se estructuran esos elementos gramaticales. Gran parte de la lingüística tipológica y universalista contemporánea gira alrededor de estos dos tipos de universales teniendo en muchos casos a su armonización e integración. La investigación actual en lingüística tipológica y universalista está centrada en una serie de aspectos. En primer lugar, en el conocimiento de universales sustantivos y tipología de los sistemas fonológicos, morfológicos, sintácticos y semánticos. Hay un incremento significativo en el conocimiento de la fonología, morfología, sintaxis y semántica de muchas lenguas de las que sabíamos poco o absolutamente nada. Esta conocimiento posibilitará perfeccionar o reformular los universales sustantivos y las generalizaciones tipológicas ya existentes o proponer otras nuevas. En segundo lugar, se están perfeccionando los instrumentos teóricos de análisis que permiten descubrir y refinar los universales formales. Para encontrar universales formales se utilizan lenguajes formales e instrumentos lógicos de diverso tipo (gramáticas de unificación, teoría de modelos, álgebra abstracta, lógicas clásicas y no clásicas, etc.). En tercer lugar, se trabaja en la explicación de los universales sustantivos y formales, dentro de terrenos como la adquisición de lenguas maternas, el aprendizaje de lenguas segundas, las patologías lingüísticas, la estructura de la mente humana, la estructura de los sistemas comunicativos en general, las teorías de la información, la teoría general de sistemas, las teorías de la interacción social, etc. En cuarto lugar, se intenta integrar en una única teoría las investigaciones sobre universales sustantivos y formales. Hay diversas propuestas en este sentido, tales como la moderna teoría de Principios y Parámetros En fin, la integración de la perspectiva tipológica y la universalista puede considerarse como característica del quehacer lingüístico emprendido en la época contemporánea.

3. CRITERIOS PARA CLASIFICAR LAS LENGUAS A continuación se examinarán los criterios que pueden emplearse para clasificar las lenguas del mundo y que se han ido proponiendo a lo largo de la historia de la taxonomía lingüística. Según J. Greenberg hay tres modos fundamentales de clasificación de las lenguas: la genética, la tipológica y la territorial. Veremos cada una en las siguientes secciones del informe.

3.1 LA CLASIFICACIÓN GENÉTICA La clasificación genética tiene por base la evolución de las lenguas. Sabemos que con el paso del tiempo las lenguas van cambiando y se van diversificando. En diferentes lugares, una lengua puede realizarse de diversos modos denominados dialectos; esos dialectos pueden ir evolucionando con el paso de los años hasta convertirse en lugares independientes. De este modo, el latín hablado en Hispania dio origen a diversas lenguas tales como el castellano, el catalán o el gallego; el latín hablado en Italia dio lugar al italiano, y el latín hablado en las Galias dio lugar al provenzal y al franciscano, del que deriva el francés actual. La clasificación genética tiene en cuenta, pues, el desarrollo histórico de las lenguas y las clasifica en grupos según hayan ido surgiendo a partir de una lengua o conjunto anterior de dialectos. Las lenguas romances conforman una familia que proviene de una lengua o conjunto de dialectos que denominamos habitualmente como latín vulgar. Las familias lingüísticas se pueden dividir en subgrupos o subfamilias. Dentro de la familia romance, por ejemplo, tenemos un grupo galorromance al que pertenecen el francés y el provenzal y un grupo iberorromance al que pertenecen el español y el portugués, entre otros subgrupos. Diversas familias lingüísticas pueden agruparse en unidades mayores que podemos denominar macrofamilias, que incluyen diversas familias y lenguas que se consideran emparentadas de modo más lejano. Por ejemplo, las lenguas de la familia báltica (lituano y letón) y las lenguas de la familia eslava se suelen agrupar en una macrofamilia balto-eslava. Las familias sinítica (con el chino como lengua más representativa) y tibetana (que contiene lenguas como el tibetano y el birmano) se agrupan en la macrofamilia sino-tibetana. La familia quechua se une al aimara, araucano y alacalufo para componer la macrofamilia andina. A su vez, un conjunto de familias y/o macrofamilias lingüísticas se pueden a veces agrupar en conjuntos de lenguas más grandes aún denominados filos. Las familias germánica, balto-eslava, celta-itálica, griega, armenia, anatolia e indoaria, entre otras, forman lo que se denomina el filo indoeuropeo.

Los filos se pueden agrupar en unidades mayores de familias lingüísticas lejanamente emparentadas que se denominan macro-filos. Por ejemplo, se ha propuesto que los filos indoeuropeo, urálico (que incluye la familia fino-ugria), y altaico (que incluye la familia túrcica) están relacionados genéticamente y, por tanto, deben agruparse en un macro-filo denominado eurasiático. A su vez, los macro-filos pueden agruparse, si se considera que están genéticamente relacionados, en grupos aún mayores, que podemos denominar mega-filos. Por ejemplo, se ha propuesto que el macro-filo eurasiático está genéticamente emparentado con la familia kartuélica (con el georgiano como lengua más conocida) y el filo afroasitático (que contiene la familia semítica). Obtenemos así el mega-filo nostrático. En el siguiente esquema vemos los diversos grupos genéticos de una lengua concreta: el español: Clasificación genética del español Mega-filo: Nostrático Macro-filo: Eurasiático Filo: Indoeuropeo Macro-familia: Itálica Familia: Romance Sub-Familia: Iberorromance Cuanto más comprensiva es la clasificación, más inseguridad hay sobre su corrección. A partir del nivel del macro-filo, las bases para apoyar que varios filos de lenguas están genéticamente emparentados son cada vez más escasas (aunque esto no significa que no existan tales bases), por lo que estas clasificaciones tan amplias son sumamente controvertidas y, por lo general, no son aceptadas por todos los miembros de la especialidad lingüística. Así, ningún especialista pone en duda hoy en día que el español es una lengua romance e indoeuropea. Sin embargo, la idea de que nuestro idioma está lejanamente emparentado con el húngaro (por su pertenencia al macro-filo eurasiático), o con el hebreo (por su pertenencia al mega-filo nostrático), apenas es considerada por un reducido número de investigadores aislados. A pesar de ello, no faltan incluso propuestas que parten de la idea de que diversos mega-filos están emparentados, es decir, proceden de una lengua ancestral común, por lo que podrían agruparse en lo que se puede denominar giga-filo. Según Greenberg, la clasificación genética tiene tres características fundamentales: necesidad, exhaustividad y univocidad. En primer lugar, es necesaria porque no puede haber varias posibles clasificaciones genéticas según los diferentes criterios que se puedan seguir. Por ejemplo, el español es una lengua romance; no podemos mostrar que esta lengua pertenecería a otra familia si partimos de otros criterios genéticos. La idea de que el español es una lengua semítica es simplemente falsa,

aunque establezcamos como criterio que dos lenguas están emparentadas si comparten varios cientos de elementos del vocabulario (sabemos que el español contiene cientos de palabras árabes). De dos clasificaciones genéticas que consideramos posibles solo una puede ser la correcta. La segunda característica es la exhaustividad. Toda lengua puede ser en principio clasificada en un grupo genético: cuando una lengua determinada no puede ser genéticamente clasificada se debe a nuestro desconocimiento de su historia, no a que esa lengua carezca de historia. La última de las características es la univocidad. Consiste en que cada lengua pertenece a un grupo genético y solo a uno. Las lenguas criollas, que proceden de la mezcla de lenguas de diferente filiación genética, podrían ser una excepción a esta característica. De todos modos, estas lenguas criollas poseen un claro predominio de uno de los idiomas mezclados, por lo que siempre se podrían agrupar en el grupo genético a que pertenezca tal lengua dominante en la mezcla.

3.2 CLASIFICACIÓN GEOGRÁFICA Y TERRITORIAL Las lenguas se pueden clasificar de acuerdo con el ámbito geográfico en el que se hablan. Este ámbito puede ir desde un continente hasta una región pequeña. De este modo, hablamos de las lenguas del Cáucaso, de las lenguas de la India, de las lenguas de China. Cuando consideramos un grupo de lenguas que se hablan en una unidad geográfica más pequeña que un contienen pero mayor que un país, se suele hablar de clasificación de áreas o territorial. Por continentes se puede hablar de lenguas de América, Eurasia, África y Oceanía. Por subcontinente podemos hablar, por ejemplo, de lenguas de Europa, lenguas de Extremo Oriente, lenguas del África subsahariana. Las lenguas que durante mucho tiempo han compartido un territorito suelen muchas veces tener rasgos idénticos aunque no estén genéticamente emparentadas de modo directo. Comparemos por ejemplo las lenguas de Europa Occidental con las lenguas de Asia Oriental; estos dos grupos comparten muchos rasgos comunes. Por ejemplo, las lenguas de Asia Oriental comparten el rasgo de utilizar diferencias tonales para distinguir diferentes unidades léxicas o palabras, cosa desconocida en las lenguas de Europa Occidental. Estas, sin embargo, conocen la flexión nominal y verbal que es desconocida en aquellas. Dos lenguas que han compartido durante siglos el mismo territorio o territorios adyacentes pueden presentar rasgos gramaticales o palabras comunes aunque no estén relacionadas genéticamente. Otras áreas lingüísticas muy estudiadas son el área de los Balcanes o el área de Asia meridional. Una característica sobresaliente de las lenguas de Asia Oriental es, como hemos dicho, la existencia

de un sistema de tonos con función distintiva en el léxico. Encontramos un sistema tonal léxicamente distintivo en lenguas como el tai, vietnamita, cantonés y chino, habladas en esa enorme área lingüística. También, en el Extremo Oriente, encontramos dos lenguas que no parecen estar genéticamente emparentadas, pero que comparten un número muy grande de rasgos. Se trata del coreano y del japonés. Ambos idiomas basan su estructura silábica en la silaba abierta y presentan vocales ultrabreves en posiciones de encuentro de consonantes o en posiciones de silaba cerrada por una consonante; ambas tienen una morfología verbal muy similar, con distintos morfemas que indican el nivel de respeto del hablante respecto del oyente; ambas tienen una partícula que marca cuál es el tema o tópico de la oración; ambas presentan obligatoriamente el verbo al final de la oración; ambas tienen un elevadísimo caudal léxico procedente del chino. Podríamos seguir enumerando rasgos comunes al coreano y al japonés, pero basten estos para comprobar lo similares que pueden ser dos lenguas que han convivido durante muchos siglos en la misma área o territorio geográfico. Según Greenberg, este tipo de clasificación es, dentro de ciertos límites, arbitraria, ya que en muchas ocasiones es prácticamente imposible determinar cuál lengua ha influido en las demás de su grupo; lo más probable es que esa influencia no haya sido unidireccional, sino multidireccional y que según el rasgo o rasgos que se elija, cualquiera de las lenguas del grupo puede convertirse en la que influye lingüísticamente sobre las demás. Por supuesto, en las situaciones en las que en una misma área, una lengua es dominante cultural, económica y/o políticamente, la tendencia principal será la unidireccional, pero muchos aspectos de las lenguas subordinadas (el llamado substrato lingüístico) pueden pasar a la lengua principal. Tampoco la clasificación geográfica o territorial es exhaustiva ni unívoca. No es exhaustiva porque las lenguas que se hablan en territorios aislados pueden no haber experimentado ningún tipo de influencia de otras lenguas. Por otro lado, puede ocurrir que una lengua haya recibido influencias de dos idiomas diferentes, sin que estos últimos se hayan influido directamente. En este caso, la lengua en cuestión podría clasificarse en cada uno de los grupos de las dos con las que ha entrado en contacto. A lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX ha habido intentos de poner en relación el tipo de lenguas habladas en determinado ámbito geográfico con la cultura o civilización que se ha desarrollado en dicho ámbito. Según W. Schmidt determinados rasgos gramaticales que caracterizan ciertos grupos de lenguas se derivan de determinadas características de las culturas correspondientes. Por ejemplo, según este autor, la existencia de pronombres personales inclusivos y exclusivos (hay lenguas que tienen dos nosotros, uno que incluye a la o las personas a las que

hablamos y otro que las excluye) se puede poner en relación con la exogamia local que predomina en muchas de las culturas que hablan con esta distinción. Por otra parte, la no existencia de una distinción gramatical o lexical entre nombres animados y no animados va asociada al hecho de que en las culturas que hablan lenguas de este tipo todavía no salta a la vista de modo suficientemente claro la distinción entre animales, hombres y las demás cosas. Para Schmidt, la diferenciación gramatical entre masculino y femenino se deriva del papel que adoptó la mujer como cultivadora y primera propietaria de territorios, que supone una primera emancipación del hombre. En las culturas que Schmidt denomina totémicas, en donde la mujer está relegada a un segundo plano, predomina, sin embargo, la distinción persona/cosa, y en las lenguas que se hablan en estas culturas no hay oposición gramatical alguna entre masculino y femenino. Los pueblos que conocen la distinción gramatical animado/no animado y que viven en el norte y son cazadores y pescadores y no agricultores tienden a no desarrollar o perder la diferencia gramatical entre género femenino y masculino, que Schmidt asocia fundamentalmente a las culturas en las que predomina la agricultura. Sea cierto o no, lo seguro es que un desarrollo cultural no conlleva necesariamente a un cambio en los rasgos de las lenguas asociadas a esa cultura como no sea en algunos aspectos de carácter periférico (como la introducción o eliminación de elementos léxicos determinados). Las lenguas cambian de acuerdo con sus propias leyes y estas son diferentes a las leyes (si las hay) de evolución de las culturas, lo que no quiere decir que los cambios culturales y sociales no influyan en el uso, propagación, potenciación o incluso desaparición de las lenguas.

3.3 CLASIFICACIÓN TIPOLÓGICA La clasificación tipológica consiste en agrupar las lenguas según un conjunto de características gramaticales determinadas. Siguiendo a Décsy, podemos hacer un inventario de los rasgos de comparación lingüística, tal como el que se muestra a continuación: Elementos para la clasificación de lenguas 1. Indemas 2. Cardemas

Rasgos que aparecen solo en una lengua. a) Unemas: Rasgos universales, comunes a todas las lenguas. b) Genemas: Rasgos comunes a los miembros de una misma familia de lenguas. c) Tipemas: Rasgos comunes a diversas lenguas que pertenecen al mismo tipo lingüístico. d) Areemas: Rasgos comunes a una serie de lenguas que comparten la misma área o territorio geográfico. e) Tijemas: Rasgos en que dos o más lenguas coinciden de modo casual.

Es evidente que los unemas o rasgos universales no sirven para establecer una tipología lingüística, pues con ellos solo podemos construir una única clase: la de todas las lenguas del mundo. Por su parte, los indemas están también descartados, pues, siguiéndolos, cada lengua pertenecería a un único grupo: el de las lenguas que presentan ese rasgo exclusivo. La tipología de las lenguas no se puede basar exclusivamente en genemas, pues entonces la tipología seria indistinguible de la clasificación genética: los areemas nos llevan a una clasificación geográfica o territorial. Por tanto, nos quedan solo los tipemas y los tijemas. Si basamos la clasificación en tijemas, tendremos clasificaciones arbitrarias respecto de las cuales ninguna generalización teórica puede hacerse. Los tipemas son un conjunto de rasgos tipológicamente significativos. Esto supone que mediante ellos podemos llevar a cabo una clasificación lingüística razonada diferente de las clasificaciones genética y geográfica, y que las clases de lenguas que establezcamos obedecen a unas generalizaciones que configuran lo que se puede denominar espacio de variación tipológica de las lenguas. Este espacio de variación tipológica restringe fuertemente la diversidad permitida por los unemas o conjunto de rasgos lingüísticos universales. Las tipologías pueden ser unidimensionales si se basan en un único criterio de clasificación y multidimensionales si conjugan dos o más criterios. Como ejemplos de tipología unidimensional podemos proponer los siguientes: es factible clasificar lenguas del mundo a través del criterio de la presencia de vocales nasales fonológicamente pertinentes. El español, el finés y el árabe pertenecen al grupo de las lenguas que no tienen estas vocales y el francés, el polaco y el mandingo (lengua africana) pertenecen al grupo de las lenguas que tienen vocales nasales. Podemos establecer también, para poner otro ejemplo, una clasificación basada en el criterio de si una lengua presenta o no flexión personal en el verbo. El chino, el japonés o el vietnamita no tienen flexión personal en el verbo, mientras que el español, húngaro, ruso o vasco si conocen dicha flexión. Así podríamos seguir clasificando las lenguas de acuerdo con muy diversos criterios fonológicos, morfológicos, sintácticos y semánticos. La clasificación tipológica, en general, es arbitraria, pues podemos obtener resultados muy diferentes según los criterios que elijamos para dicha clasificación. No es exhaustiva, pues puede haber criterios no aplicables a determinadas lengua (por ejemplo, el criterio de la concordancia entre el verbo y su sujeto, objeto directo e indirecto no se puede aplicar a aquellas lenguas que carecen de flexión verbal de persona). Por último, tal como hemos podido comprobar, no es unívoca, pues una lengua podrá pertenecer a esta o aquella clase según los criterios que sigamos para la clasificación.

3.4 CLASIFICACIÓN SOCIOLINGÜÍSTICA W. A. Stewart propuso en los años sesenta un tipo de clasificación lingüística adicional que denominó sociolingüística. Los criterios de esta taxonomía son los siguientes: En primer lugar, el criterio de historicidad se basa en la consideración de si la lengua se ha desarrollado históricamente mediante su uso continuado o si ha sido inventada en un determinado momento (se trata, por ejemplo, de una lengua artificial). En según lugar, tenemos el criterio de la estandarización, que depende de si se ha desarrollado una variedad de la lengua aceptada por los miembros de otras variantes de esa lengua como variedad por defecto de uso en situaciones generales. En tercer lugar, está el criterio de la vitalidad, determinado por la existencia o no de hablantes que utilicen la lengua habitualmente en tanto que hablantes nativos. En cuatro lugar, está el criterio de la homogeneidad, que tiene que ver con el hecho de que los rasgos que configuran la lengua sean heredados históricamente o, por el contrario, se deriven de situaciones de contacto con otras lenguas (las lenguas mixtas son lenguas con poca homogeneidad, pues surgen del contacto de dos o más lenguas con tradiciones históricas diferentes). Para ilustrar esta clasificación adjuntamos la siguiente tabla: Historicidad

Estandarización

Vitalidad

Homogeneidad

+

+

+

+

Estándar

Español

+

+

-

+

Clásica

Latín

+

-

+

+

Autóctona

Sardo

+

-

+

-

Criolla

Palenquero

+

-

-

-

Sabir

Cocoliche

-

+

-

±

Artificial

Esperanto

-

-

-

±

Marginal

Lunfardo

Nota: El palenquero es una variedad criolla del español hablado por los miembros más ancianos de El Palenque de San Basilio, localidad situada al sur de la ciudad de Cartagena, en la costa caribeña de Colombia. El cocoliche es una variedad italianizada del español utilizada entre los inmigrantes italianos de Buenos Aires. El lunfardo es una jerga originariamente de las zonas más marginadas de Buenos Aires.

Otra clasificación de carácter sociolingüístico fue propuesta por M. Swadesh. Este autor distingue entre lenguas mundiales, las grandes lenguas de las sociedades dominantes del planeta (inglés, español, francés, alemán, árabe, ruso, chino, japonés), lenguas clásicas, las lenguas de las ciudadesestado y de los primeros imperios (latín, griego, egipcio, hebreo, persa, sanscrito, nahua, maya y quechua) y lenguas locales, pertenecientes a sociedades dispersas de los tiempos primigenios. En la

actualidad podemos encontrar lenguas clásicas y locales en áreas periféricas aisladas, en donde se deja sentir de modo más o menos marcado la influencia de las lenguas mundiales. Sin duda, estos tres tipos de lenguas responden a tres estadios de evolución de la civilización, desde el estadio local primitivo al estadio global de la actualidad y muchas de sus características sociales y culturales se explican por estas circunstancias. Las lenguas mundiales disponen de medios de transmisión y generalización de los que no disponen las lenguas locales (medios de comunicación escrita, hablada, televisada, canales informativos, etc.); ello hace que dichas lenguas se vayan afianzando mientras que las locales van siendo arrinconadas y van perdiendo hablantes paulatina pero inexorablemente. Por otro lado, hay lenguas que, sin ser mundiales, tampoco se pueden considerar estrictamente locales; es decir, hay idiomas que ocupan posiciones intermedias. La mayoría de las lenguas de la India o de China no son lenguas mundiales, pero, dado su enorme número de hablantes y su uso como lenguas de comunicación general en amplísimas zonas, tampoco pueden ser consideradas propiamente locales. Sin embargo, su status no mundial pudiera menguar su importancia si no se toman en medidas adecuadas para evitarlo. Las lenguas habladas por pueblos indígenas de zonas pertenecientes a la periferia, por ejemplo, las casi mil lenguas de Papúa Nueva Guinea, como lenguas locales corren peligro de desaparecer ante el empuje cada vez más violento de las lenguas mundiales. Como vemos, los problemas suscitados por la clasificación sociolingüística exceden ampliamente las competencias de la lingüística propiamente dicha para adentrarse en los ámbitos de disciplinas como la sociología, el derecho, la antropología o la historia.

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